Fuera de los cuarteles: La opinión pública mexicana y las fuerzas armadas

Fuera de los cuarteles: La opinión pública mexicana y las fuerzas armadas
Alejandro Moreno[1]

En diciembre de 2016, el Secretario de la Defensa Nacional, General Salvador Cienfuegos, dio la nota periodística con declaraciones sobre el papel de las fuerzas armadas en el combate al crimen. El General señaló que la profesión de los militares no es policiaca ni por entrenamiento (“ninguno estudiamos para perseguir delincuentes”), ni por objetivo (“estamos haciendo funciones que no nos corresponden”), ni por motivación (“los soldados ya le están pensando si le entran a combatir a esos grupos con el riesgo de ser procesados por derechos humanos”), por lo que las tareas asignadas en la llamada guerra contra el crimen organizado la está “desnaturalizando”, para usar una palabra del propio Cienfuegos. El ejército fue lanzado a las calles en diciembre de 2006 por el entonces nuevo gobierno panista de Felipe Calderón como eje central de una estrategia de combate al narcotráfico y ha continuado en las calles a lo largo de la administración priista de Enrique Peña Nieto.

Consciente o no de ello, los señalamientos del Secretario de Defensa de volver a los cuarteles a cumplir “con sus tareas constitucionales” se dio en medio de dos estados de ánimo contrastantes de la opinión pública mexicana documentados por las encuestas: por un lado, los niveles más bajos de aprobación al presidente en turno desde que ese indicador comenzó a medirse de manera sistemática en los años ochenta y, por otro lado, la estima pública más favorable hacia las fuerzas armadas también desde esa década. Ante una creciente desconfianza en el gobierno, las fuerzas armada se han mantenido un nivel comparativamente alto de apoyo y credibilidad entre la ciudadanía.

El aumento de las opiniones favorables hacia las fuerzas armadas en México podría parecer contraintuitivo. A lo largo de diez años, los mexicanos han estado expuestos a noticias sobre violencia que reportan un número creciente de muertos relacionados con la guerra contra el narcotráfico,[2] así como de violaciones a derechos humanos por parte de miembros del ejército.[3] No obstante, el saldo en la opinión pública para la institución castrense ha sido favorable. Según el estudio Latinobarómetro (LB) realizado desde 1995 en México, la confianza de los mexicanos en las fuerzas armadas fue más alta durante la década en que los militares fueron asignados a las tareas policiacas que durante la década previa. Considerando la pregunta “¿cuánto confía usted en las fuerzas armadas?”, la proporción de mexicanos que dijo confiar “mucho” o “algo” (categorías cuya suma suele tomarse como un indicador de confianza) promedió 60% entre 2007 y 2016, 14 puntos porcentuales por arriba del promedio de 46% que se registró en la década previa, de 1996 a 2006.

Otros estudios internacionales, como la Encuesta Mundial de Valores (World Values Survey, WVS), confirman que la confianza de los mexicanos en las fuerzas armadas (o en el ejército, como se ha fraseado en ese estudio) ha tenido una tendencia ascendente en las últimas décadas. La conclusión que se deriva de todos esos datos de encuestas es que la estima pública de las fuerzas armadas en México ha ido mejorando, no en detrimento. Esta tendencia favorable contrasta con investigaciones académicas que documentan una erosión de la confianza en las instituciones políticas en varios países del mundo, incluidas las fuerzas armadas.[4]

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Aunque la tendencia generalizada de la confianza en la institución militar en México va al alza, hay que señalar que también ha habido algunas fluctuaciones que son visibles principalmente a través del Latinobarómetro, estudio que se hace con mayor frecuencia que la WVS. El LB registra una caída en la confianza pública a partir de 1995, cuando se registró 52%, hasta 39% en 1998. Esta pérdida de confianza puede ser una respuesta general a la crisis económica de 1995, más que a la institución militar en particular. En 2000, año de la alternancia, la confianza en las fuerzas armadas, así como la confianza en otras instituciones, reflejó el entusiasmo con el cambio, o lo que algunos analistas denominaron el “bono democrático”, aumentando nuevamente a 52%. Pero el entusiasmo duró poco y la confianza en los militares nuevamente bajó a poco más 40%, nivel en la cual permaneció hasta 2004.

En el año 2005 inició una tendencia ascendente de la confianza pública en las fuerzas armadas que la lleva a 55% ese año, a 66% en 2006 y hasta 69% en 2007, su nivel más alto en todo el periodo observado y, precisamente, el primer año de la guerra contra el crimen organizado. La opinión pública parece haber aplaudido la decisión de asignar a las fuerzas armadas al combate contra el crimen, aunque la tendencia al alza venía observándose desde antes. La confianza bajó nuevamente de 2008 a 2011 registrando poco menos de 60% (quizás también como reflejo de la crisis económica), y se estabilizó en poco más de 60% entre 2013 y 2016.

Estos datos no solamente indican una creciente confianza de los mexicanos en las fuerzas armadas, sino que esa confianza es sensible a las coyunturas, especialmente económicas y políticas, pero también al banderazo inicial de la guerra contra el narcotráfico. Sin embargo, la tendencia no parece muy sensible a las noticias sobre violencia y muertes (el ejecutómetro), ni a las que tienen que ver con derechos humanos. En el agregado, ninguna de ellas ha mermado la confianza ciudadana en el ejército, según muestran las encuestas. Algunos estudios de opinión pública también han reportado tendencias al alza de la confianza con base a otras fuentes de datos, tanto académicas como periodísticas.[5]

Además de la tendencia al alza, hay otros aspectos qué considerar acerca de la opinión pública mexicana en torno a las fuerzas armadas. Uno es saber si el nivel de confianza que les otorgan los mexicanos a los militares es alto o no, para lo cual ofrecemos algunos estándares de comparación. Si se compara la confianza en el ejército con la confianza en otras instituciones, éste sí destaca como una de las instituciones con mayor estima pública en México. Según el Latinobarómetro 2016, la confianza en las fuerzas armadas (59%) supera ligeramente a la confianza en la iglesia (55%) y a la confianza en el órgano electoral (52%), y está muy por arriba de la confianza en la policía (43%), el congreso (40%), el poder judicial (39%), el gobierno (37%) y los partidos políticos (29%), que ocupan el fondo de la tabla de la confianza institucional en el país.

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Si la confianza de los mexicanos en las fuerzas armadas se compara con la confianza que los ciudadanos de otros países latinoamericanos tienen en sus propias fuerzas armadas, también es claro que la confianza en la institución castrense en México es comparativamente alta. El 59% de confianza en el país supera al promedio regional de 18 países en 2016, que es de 45%. En esa encuesta, solamente Ecuador, Uruguay y Paraguay registraron niveles más altos de confianza en las instituciones militares que en México, con números de entre 60 y 73 por ciento. En contraste, la confianza en el ejército en Venezuela y Bolivia es la más baja, con 28 y 36%, respectivamente. Considerando a América Latina, los mexicanos expresan una confianza comparativamente alta en las fuerzas armadas.

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Sin embargo, el uso de un estándar de comparación más amplio modifica esa conclusión. La WVS ofrece datos de otras regiones que muestran que la confianza de los mexicanos en sus fuerzas armadas es comparativamente baja, no importa que sea la más alta entre las diversas instituciones del país o de las más altas en la región latinoamericana. Según el estudio global WVS en su sexta ronda levantada entre 2010 y 2014, el 59% de confianza de los mexicanos en el ejército queda 10 puntos por debajo de un promedio de 37 países. Por mencionar algunos, la confianza en las fuerzas armadas llega a niveles de 96% en Catar, 84% en Estados Unidos, 82% en Nueva Zelanda, 76% en Japón, 75% en Turquía, 67% en Rusia y 63% en Corea del Sur, todos ellos por encima de México. Con esta tabla comparativa la confianza mexicana en el ejército luce más débil que cuando se le compara con otras instituciones o con otros países latinoamericanos. En muchos de esos países donde la confianza en las fuerzas armadas es más alta, también destacan altos niveles de confianza en los cuerpos policiacos, lo cual puede reflejar la manera favorable en que se percibe el Estado de derecho. En México, la brecha entre la confianza en las fuerzas armadas y la policía es sustancial.

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Un último aspecto a considerar con todos estos datos es que el nivel de confianza también varía entre subgrupos poblacionales y, en particular, entre subgrupos con distintas actitudes hacia la democracia. Una tipología de actitudes que se utiliza en varios estudios de ciencia política es la que tiene que ver con el apoyo a la democracia y la satisfacción con el funcionamiento de la democracia. La combinación de ambas ha permitido derivar las categorías analíticas de demócratas satisfechos, demócratas insatisfechos (o ciudadanía crítica) y no demócratas. Según los datos del Latinobarómetro 2016, la confianza en las fuerzas armadas varía significativamente entre esos grupos: entre los demócratas satisfechos, la confianza en las fuerzas armadas es de 77%, 20 puntos por arriba de lo que registran los demócratas insatisfechos y 25 puntos más que los no demócratas. La confianza en el ejército, como en otras instituciones, es más alta entre quienes valoran positivamente a la democracia en principio y en desempeño.[6]

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Anteriormente se argumentó que, al parecer, el flujo de noticias sobre violaciones a derechos humanos no ha mermado la confianza ciudadana en las fuerzas armadas mexicanas. Sin embargo, los subgrupos de mexicanos que evalúan favorablemente o desfavorablemente la forma en que se respetan los derechos humanos en el país sí genera opiniones encontradas acerca de las instituciones militares. Según los datos para México del LB 2016, quienes opinan que los derechos humanos se respetan mucho o algo otorgan un nivel de confianza a las fuerzas armadas de 65%, mientras que aquellos que creen que se respetan poco le dan 54% y quienes creen no se respetan nada otorgan un 47%. La brecha en confianza es de casi 20 puntos entre los grupos más favorable y menos favorable al calificar el respeto a los derechos humanos. Por lo visto, las actitudes hacia la democracia y hacia los derechos humanos marcan diferencias importantes en la valoración de las fuerzas armadas.

Como conclusión a este breve repaso de datos de encuestas, la confianza de los mexicanos en las fuerzas armadas ha ido en aumento. Además, éstas gozan de mayor estima pública que la mayoría de las instituciones del Estado mexicano, marcando una brecha importante entre la confianza en los militares y la confianza en los gobernantes. Las fuerzas armadas son la institución pública mejor valorada entre las que suelen medir las encuestas internacionales en el país, o, visto de otra manera, es la institución pública con mayor apoyo popular durante el periodo democrático en México—aunque otros estudios señalan a las instituciones universitarias también—. A pesar de ser comparativamente alta respecto a otras instituciones y de estar entre las más altas de América Latina, la confianza de los mexicanos en las fuerzas armadas es comparativamente baja si ampliamos el marco de referencia a otras regiones del mundo, donde la confianza en la instituciones militares sobrepasa el 80%, además de empatar dichos niveles de confianza con los de la policía, aspecto que no se observa en México.

El estado de la opinión pública mexicana hacia las fuerzas armadas contrasta con las expectativas de expertos, académicos y organismos internacionales, que describen una falta de rendición de cuentas de esa institución del Estado. Algunas investigaciones han apuntado avances en la vigilancia civil de las fuerzas armadas durante los primeros años desde la alternancia en 2000, como el hecho de que éstas comparezcan ante comités legislativos;[7] pero en otros aspectos la supervisión a los militares también tiene pendientes, incluido el gran tema de los derechos humanos “en la que se observa una falta de rendición de cuentas conforme a los estándares internacionales”, según apunta la Comisión Internacional de Derechos Humanos.[8]

En su discurso de diciembre 2016, el General Cienfuegos acusó que, en balance, en diez años no veía reconstruidas a las policías. Ante ello, y contra los aparentes deseos de los militares de volver a sus cuarteles, la opinión pública mexicana aún los valora en las calles. Las tareas de seguridad pública del Ejército y la Marina tienen varias ópticas desde dónde analizarse, evaluarse y criticarse, pero desde el punto de vista de la opinión pública la información disponible es clara: las fuerzas armadas cuentan con un respaldo mayoritario de la ciudadanía en México.

REFERENCIAS

CIDH, Comisión Interamericana de Derechos Humanos. 2015. Situación de los derechos humanos en México. Informe de País México, DOC 44/15.

Díez, Jordi. 2008. “Legislative Oversight of the Armed Forces in Mexico”. Mexican Studies/Estudios Mexicanos, Vol. 24, No.1, pp. 113-145.

Gómez Bañuelos, Pamela, y Rodrigo Peña González. 2013. “Confianza en juego: las fuerzas armadas mexicanas y la opinión pública de la transición”. Revista Mexicana de Opinión Pública, julio-diciembre., pp. 31-43.

Molzahn, Cory, Viridiana Ríos y David Shirk. 2012. Drug Violence in Mexico: Data and Analysis Through 2011. Special Report of the Trans-Border Institute, Joan B. Kroc School of Peace Studies, Iniversity of San Diego.

Newton, Kenneth, y Pippa Norris. 1999. Confidence in Public Institutions: Faith, Culture or Performance? Investigación presentada en la reunión anual de la American Political Science Association.

[1] Profesor en el Departamento de Ciencia Política del ITAM, Vicepresidente de la World Values Survey Association y Director Operativo del estudio Latinobarómetro.

[2] Cory Molzahn, Viridiana Ríos y David Shirk, “Drug Violence in Mexico: Data and Analysis Through 2011,”(Special Report of the Trans-Border Institute, Joan B. Kroc School of Peace Studies, San Diego, University of San Diego, 2012).

[3] Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Situación de los derechos humanos en México, Informe de País México, DOC 44/15.

[4] Kenneth Newton y Pippa Norris, “Confidence in Public Institutions: Faith, Culture or Performance?” (investigación presentada en la reunión anual de la American Political Science Association, Atlanta, Georgia, 1999).

[5] Pamela Gómez Bañuelos y Rodrigo Peña González, “Confianza en juego: las fuerzas armadas mexicanas y la opinión pública de la transición.” Revista Mexicana de Opinión Pública, julio-diciembre., pp. 31-43.

[6] Para quienes tienen curiosidad acerca del peso poblacional de esos subgrupos, el LB 2016 en México arroja un 21% de demócratas satisfechos, 42% de demócratas insatisfechos y de 37% de no demócratas.

[7] Jordi Diez, “Legislative Oversight of the Armed Forces in Mexico,” Mexican Studies/Estudios Mexicanos, 24, no. 1 (2008): 113-145.

[8] Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Situación de los derechos humanos en México, Informe de País México, DOC 44/15.

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