Ejército y Movimientos Sociales: Lecciones de la Primavera Árabe

Ejército y Movimientos Sociales: Lecciones de la Primavera Árabe
Itzel Pamela Pérez Gómez[1]

Desde finales de 2010 hasta inicios del 2012 algunos países de la región de Medio Oriente y el Norte de África experimentaron turbulencias sociales mediante las cuales la sociedad buscaba un cambio en sus condiciones de vida, exigían la caída de sus respectivos líderes autócratas y por tanto, un cambio de régimen político. A pesar de que el tiempo transcurrido de estos sucesos hasta el día de hoy es relativamente poco ya se pueden percibir una variedad de resultados que van desde el mantenimiento del status quo (Marruecos, Argelia, Bahréin), un cambio de régimen (Túnez y Egipto) hasta una devastadora guerra civil (Yemen, Libia, Siria). Este trabajo busca explicar la variabilidad de los casos y argumenta que el papel que tomó el ejército en cada uno de los movimientos fue determinante en el resultado de los mismos. Se tiene como hipótesis que si se observa que el ejército, antes de 2011, estaba dividido, vinculado al régimen y tenía fuerza dentro de la toma de decisiones estatales entonces se observará también que éste se involucró en los movimientos y tomó partido, lo cual armó los movimientos y los hizo más violentos, teniendo así un papel importante en la difícil situación que viven estos países hoy en día.

Este ensayo sigue una metodología de análisis teórico comparado y usa como base aquellos trabajos que estudian las relaciones cívico-militares, la profesionalización del ejército y la reacción hacia los movimientos sociales. En un primer apartado se presenta la revisión de esta literatura, en un segundo apartado se analizan las fuerzas armadas de Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Bahréin y Siria[2] a la luz de esta teoría y se explica de qué manera el ejército influyó en cada resultado. Finalmente, se concluye con una reflexión general sobre el papel del ejército en la democratización y supervivencia de regímenes.

La profesionalización del ejército y su relación con la sociedad.

El estudio de las relaciones político-militares en Medio Oriente y Norte de África data de la década de los sesenta y setenta. Desde ese momento se comenzó a caracterizar las peculiares relaciones que mantenían los Estados con sus respectivas fuerzas armadas.[3] En esta región existen distintos regímenes que tienen diferentes tipos de relación político-militares que se pueden clasificar, según Mehran Kamrava, en: autocrático político-militares, tribal, dependiente de la monarquía y ejércitos duales.[4]

En el régimen autocrático político-militar el Estado está encabezado por líderes con antecedentes militares que llegan al poder. El ejército no tiene un papel preponderante y podría no tener influencia real en la política, sin embargo, guarda una relación simbólica con el régimen, tiene canales informales para influir y por tanto, sí representa una base para el régimen. Dentro de este tipo de regímenes encontramos a Túnez, Argelia, Egipto y Siria.[5] Por otro lado, en el régimen tribal se tiene una gran dependencia en las fuerzas armadas de las tribus o bien en mercenarios extranjeros. Bahréin, Omán y Qatar entran en esta última categoría, pues cuentan con una pequeña armada que en su mayoría está integrada por extranjeros, mientras que Arabia Saudita y Marruecos usan la lealtad tribal para contener la fuerza de la armada.[6] En los regímenes que tienen una estructura de ejército dual la base está en la ideología. Este tipo de Estados, además de las fuerzas armadas tradicionales, crean milicias paralelas cuya principal tarea es asegurar que el régimen y su ideología sobrevivan (esto incluye defenderlo de ataques internos inclusive de las mismas fuerzas armadas tradicionales). En esta categoría se encuentran Libia, Irán e Irak.[7]

Por otro lado, la literatura también sugiere que de acuerdo al grado de institucionalización del aparato de seguridad se puede prever la reacción de éste hacia los movimientos sociales en contra del régimen. Eva Bellin nos da una aproximación al respecto y sugiere que mientras más institucionalizadas estén las fuerzas armadas más apartadas estarán del poder, por lo tanto, sentirán menos simpatía por el régimen y obstruirán en menor medida el movimiento.[8] En este contexto, institucionalización se refiere a que el aparato de seguridad tiene su base en principios meritocráticos y está libre de nepotismo y corrupción. Asimismo, se rige mediante un sistema de reglas que establecen claramente que las promociones están basadas en el desempeño de la persona y no en su lealtad política hacía el régimen.[9] Si esto es cierto, entonces también este tipo de milicias defenderán el interés nacional por encima del interés individual de los líderes. Esto es debido a que también cuentan con una identidad diferente a la del régimen en el poder. Es por lo anterior, que un ejército institucionalizado tenderá a tolerar el movimiento, pues con o sin el antiguo régimen, su existencia y propósito seguirá asegurada.[10]

Contrario a la institucionalización es el concepto de paternalismo. Éste implica que el aparato de seguridad tiene su base en el nepotismo, la jerarquía interna y las promociones están determinadas por la lealtad hacia el régimen. Es por ello que, cuando se presentan movimientos sociales opuestos al gobierno,[11] este tipo de fuerza armada suele defenderlos. A su vez, un nivel bajo de institucionalización o alto nivel de paternalismo lleva a la división de las fuerzas armadas, es decir, éstas están dominadas por lealtad hacia líderes militares y no hacía la institución de defensa. Por tanto, tienden a dividirse en varios grupos militares más pequeños que apoyan a los diferentes bandos que integran los movimientos sociales.[12]

Bellin destaca un último elemento importante para explicar la respuesta del ejército a los movimientos sociales en Medio Oriente y Norte de África: la relación que el ejército tiene con la población civil. Al respecto, la autora argumenta que si hay un vínculo fuerte entre las fuerzas armadas y la población es menos probable que se use la fuerza en contra de protestas y otros movimientos sociales y que se identifiquen más fácilmente con las demandas del movimiento. Este vínculo tiene que ver con el tipo de fuerzas armadas que tiene el régimen, por ejemplo, en países como Bahréin, Omán o Qatar, cuyas fuerzas armadas están compuestas en su mayoría por extranjeros, la lealtad e identificación con la sociedad civil será menor.[13]

De acuerdo con esta literatura, la caracterización de los ejércitos y la reacción esperada hacia los movimientos sociales queda como se observa en tablas 1 y 2.

Tabla 1. Características de las fuerzas armadas y cómo contribuyen a la resistencia o aceptación de los movimientos sociales.
Bajo nivel de institucionalización Débil vínculo social
Resistencia a los movimientos sociales. -Base en lazos tribales o familiares.

-Con ideología.

-Politizado.

-Corrupción y nepotismo.

-Base en tribus muy específicas

-Cuentan con mercenarios extranjeros

  Alto nivel de institucionalización Fuerte vínculo social
Aceptación de los movimientos sociales. -Basado en principios meritocráticos.

-Apolítico.

-Ausencia de Corrupción y Nepotismo.

-Compromiso con el interés nacional.

– Ejército compuesto de varias clases sociales, ideologías y tribus.
Fuente: Arab Uprisings and Armed Forces: Between Opennes and Resistance. Derek Lutterbeck. 2011

Una fuerza militar altamente institucionalizada reposa sobre una estructura meritocrática y es apolítica, es decir, su fuente de identidad no es la ideología del gobierno en turno y está libre de corrupción y nepotismo. A su vez, su compromiso es con el interés nacional y no con intereses particulares.[14] En contraste, una fuerza militar paternalista tiene vínculos muy fuertes con el régimen, ya sea de índole tribal, familiar o ideológica y por tanto, a diferencia de la institucionalizada, está politizada, tiene altos niveles de corrupción y es nepotista. En cuanto al segundo elemento, se considera que un ejército tiene vínculos fuertes con la población cuando el éste está integrado por elementos provenientes de varias clases sociales, tribus e ideologías.[15] Por el contrario, el vínculo se considera débil cuando el ejército es liderado por tribus específicas o está integrado por elementos extranjeros. Como lo muestra la tabla 2, se considera que un ejército tendrá más aceptación a los movimientos sociales anti régimen mientras más institucionalizado esté y más fuerte sea al vínculo que tenga con la población. Por el otro lado, si el nivel de institucionalización es bajo y el vínculo con la población es débil, la fuerza militar tenderá a oponerse o inclusive suprimir los movimientos sociales.[16]

Asimismo, como se observa en la tabla 2, el nivel de institucionalización también tiene un impacto en la apertura o resistencia de las fuerzas armadas a los movimientos sociales. Si el nivel de institucionalización es muy bajo y las fuerzas armadas están fragmentadas, es menos probable que se mantengan unidos al afrontar movimientos sociales, haciendo que el ejército se divida entre aquellos que apoyen al régimen y aquellos que apoyen las demandas del movimiento, lo que podrá desembocar en una guerra civil.[17]

Tabla 2. Nivel de institucionalización y respuesta a los movimientos sociales.
Nivel de Institucionalización Alto Bajo Muy bajo (fuerzas fragmentadas)
Respuesta a los movimientos sociales. Apoyo Resistencia Fragmentación
Fuente: Arab Uprisings and Armed Forces: Betwwen Opennes and Resistance. Derek Lutterbeck. 2011

Las fuerzas armadas en la “Primavera Árabe”

Es interesante aplicar esta literatura a los casos de los 6 países analizados: Túnez, Siria, Libia, Yemen, Bahréin y Egipto, para ver así de qué manera el ejército explica los diferentes resultados observados. La Tabla 3 muestra las características del ejército de cada país, el gasto militar en porcentaje del PIB, y si el derrocamiento al dictador ocurrió.

Tabla 3. Características de las fuerzas armadas y respuesta a movimientos sociales

en Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Bahréin y Siria

  Túnez Egipto Libia Yemen Bahréin Siria
Relación político-militar Autocrática político-militar Autocrática político-militar Régimen militar dual Autocrática político-militar Tribal. Dependiente de la Monarquía Autocrática político-militar
Institucionalización de las fuerzas armadas Alta Media Muy Baja: Fragmentadas Muy baja: Fragmentadas Baja Baja
Relación sociedad-ejército Fuerte Fuerte Débil/Fuerte Débil/Fuerte Débil Débil/Fuerte
Respuesta ante los movimientos sociales Apoyo Relativo Apoyo División entre bandos División entre bandos Resistencia Resistencia
Gasto en ejército (% del PIB) 1.5% 2.1% 1.2% 3.9% 3.7% 4%
¿Derrocamiento del dictador? Si Si Si Si No No
Fuente: Arab Uprisings and Armed Forces: Betwwen Opennes and Resistance. Derek Lutterbeck. 2011

Se observa que en Túnez y en Egipto las fuerzas armadas tuvieron una actitud de relativa apertura y apoyo a los movimientos sociales. En ambos países esto se puede explicar por el alto nivel de institucionalización de las fuerzas armadas y el vínculo entre éstas y la sociedad. En Túnez, la actitud del ejército hacia el movimiento de oposición y hacia el régimen se explica por el tipo de relaciones político-militar que tiene. En palabras de Kamrava, Túnez está catalogado como una relación autocrática política-militar. Sin embargo, dentro de esta clasificación el caso de Túnez se considera muy particular. Desde su independencia, el rol del ejército en Túnez ha sido muy peculiar: sus primeros líderes no tenían carrera militar y por tanto el ejército no funcionaba como su base de poder. Esta característica hizo que no se le diera un rol político al ejército. Por ejemplo, el primer presidente de Túnez después de la independencia, Habib Bourguiba, separó al ejército de la política basándose en el modelo republicano francés.[18] Ben Ali, por su parte, también limitó el poder político del ejército y continuó con la despolitización de las fuerzas armadas que su antecesor había comenzado. Esta despolitización se logró prohibiendo a los miembros de las fuerzas armadas ocupar cargos públicos, aumentando su profesionalización y técnica y reduciendo su tamaño en comparación con el departamento de policía.[19] Por lo tanto, lo que había en Túnez era un ejército pequeño, profesional, técnico y despolitizado, totalmente deslindado del régimen y cuya base para la promoción era meritocrática. De acuerdo a estas características se debía esperar, según la teoría, que el ejército tunecino mostrara cierta apertura al movimiento social o bien que los apoyara.

Observando lo ocurrido en Túnez se ve que, en efecto, el ejército apoyó el movimiento y no tuvo actitudes opresivas. En enero de 2011 a la armada se le solicitó defender al régimen, sin embargo, los soldados fraternizaron rápidamente con el movimiento y se identificaron con sus demandas.[20] Al contrario de la policía, el ejército no tuvo incidentes de violencia con los integrantes del movimiento e inclusive su jefe, el General Rachid Ammar, amenazó a las fuerzas policiacas apuntando que el ejército tomaría acción si continuaban disparando contra la gente. Después de la huida del presidente, en enero de 2011, el ejército siguió combatiendo del lado del pueblo en contra de la guardia presidencial que seguía siendo leal a su líder.[21] Ante el vacío del poder se especulaba que el General Ammar planeaba un golpe militar al gobierno de transición tras la victoria de los islamistas, sin embargo, dichas especulaciones fueron negadas por el mismo general, declarando que las acciones del ejército tunecino “siempre fueron y seguirían llevándose a cabo dentro del marco constitucional y velarían por salvaguardar y garantizar la revolución”.[22]

Contrario a Túnez, en Egipto la actitud del ejército fue más ambivalente con respecto a si apoyar al movimiento o no. Esto puede ser explicado por su grado menor de institucionalización y fuerte vínculo con el régimen en comparación con el ejército tunecino. Como su par en Túnez, el ejército egipcio puede ser caracterizado como una institución profesional y meritocrática pero más corrupta y con muestras de nepotismo, además de que es una de las instituciones más respetadas en Egipto debido a que es percibido como la única institución que verdaderamente está comprometida con la protección del interés nacional, lo cual hace que el vínculo con la sociedad sea más fuerte que en Túnez.[23]

Otra diferencia es que en Egipto el ejército sí tiene vínculos fuertes con el régimen y esto se ve reflejado en que todos los presidentes egipcios desde la independencia tuvieron una carrera militar. A pesar de este vínculo, desde los años sesenta el presidente Anwar Sadat (y también Hosni Mubarak) intentó limitar su poder político y reorientar sus tareas a meramente defensivas, esto se llevó a cabo de la misma manera que lo hicieron en Túnez: reduciendo la presencia del ejército en cargos gubernamentales y aumentando su entrenamiento para volverlos más profesionales. Este hecho, aunado a la intención de Mubarak de poner a su hijo como su sucesor, distanció al ejército de su régimen, principalmente por que los altos mandos del ejército resintieron que el puesto presidencial se volviera hereditario y fuera ocupado por alguien sin antecedentes militares. No obstante, el ejército siguió gozando de privilegios económicos, teniendo un rol muy activo dentro de la economía del país y recibiendo una gran suma de dinero por parte de US Military AID, lo cual hacía que la actitud del ejército hacia el régimen fuera ambivalente porque, por un lado, perdieron preponderancia política pero, por otro, continuaron teniendo una serie de ventajas económicas.[24]

Dichas características del ejército egipcio hicieron que fuera menos firme a la hora de mostrar su apoyo a los movimientos sociales y mostrara más interés en apoyar al régimen. Esta actitud ambivalente se vio reflejada cuando durante los múltiples ataques que llevó a cabo la guardia presidencial en la plaza Tahrir en El Cairo contra los campamentos de la población que estaban protestando, el ejército egipcio no intervino defendiendo a la gente, lo que hizo, a diferencia del ejército tunecino que sí los defendía, fue pedirles que se retiraran a sus casas para evitar más incidentes.[25]

Dado que el ejército egipcio no estaba ni de un bando ni del otro se puede entender con facilidad por qué convocaron a la formación del Concejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) cuyo objetivo era evaluar la situación del país para poder determinar los procedimientos y las medidas que debían tomarse para proteger el interés del pueblo egipcio.[26] En este Concejo y sus reuniones no fueron tomados en cuenta ni el presidente ni el vicepresidente y por tal razón fue considerado como el primer paso para un golpe militar a Hosni Mubarak. La conformación del CSFA comenzó un claro distanciamiento entre el régimen y el Ejército y fueron los altos mandos quienes recomendaron a Mubarak renunciar al cargo puesto que ya no contaba con su apoyo.[27] En febrero de 2011, un día después del derrocamiento de Mubarak, el CSFA tomó el poder y liderazgo del país de forma temporal y declaró que iba a trabajar por transferir ese poder eventualmente a una autoridad civil elegida democráticamente.[28] Sin embargo, las protestas civiles no cesaron y la represión cometida hacia ellos era aún mayor que durante el régimen de Mubarak, pues no se toleraba la crítica al ejército y se encarcelaba o mataba a quien lo hiciera. La opinión pública de los egipcios se dividió entre aquellos que seguían viendo al ejército como un héroe que había contribuido a sacar a Mubarak del poder y aquellos que querían que el CSFA renunciara.[29]

Aunque el ejército aparentemente apoyó a los movimientos sociales en contra del régimen y, como en Túnez, tuvo un rol importante en la caída del dictador, sí se mostró más renuente a apoyar las protestas abiertamente. Esta diferencia con Túnez se puede explicar por el grado menor de institucionalización que tienen las fuerzas armadas egipcias y el hecho de que su identidad estaba más vinculada al régimen. A pesar de que el ejército egipcio presenta elementos de institucionalización como el nivel de profesionalismo, promoción meritocrática y su compromiso con el interés nacional, no hay que negar que también presenta elementos paternalistas evidenciados en los líderes egipcios que provienen del ejército y el estatus privilegiado que tiene esta institución en la economía. Dados estos rasgos, era de esperarse que la actitud del ejército fuera ambivalente frente a las protestas y que haya tomado el control en lugar de dar paso a una transición democrática que fue finalmente lo que ocurrió.

Por otro lado, regresando a la tabla 3, se observa que los ejércitos de Libia y Yemen comparten rasgos similares. En ambos países el ejército estaba dividido en unidades de élite y elementos regulares y los movimientos terminaron en una guerra civil. Siguiendo la misma teoría, estas reacciones se pueden explicar por la combinación de un nivel bajo de institucionalización, un alto grado de fragmentación de las fuerzas armadas, y la existencia de un vínculo con la sociedad al menos de una parte del ejército.

El bajo nivel de institucionalización y el alto nivel de paternalismo en Libia representa el caso extremo de estos seis países analizados. En Libia las fuerzas armadas estaban bajo el control del líder Muammar Gadafi y de su familia, teniendo un vínculo tribal familiar hacía el régimen. Según la teoría de Kamarava, las relaciones político-militares en Libia durante el gobierno de Gadafi pueden ser categorizados como duales puesto que además de tener la obligación de defender al país en caso de amenazas externas, también tenía la labor de proteger el régimen y su base ideológica. Dado que el gobierno ocupaba al ejército para estas dos labores, éste optó por dividirlo en dos partes. Por un lado la armada de élite, compuesta por comités revolucionarios y guardias revolucionarios,[30] comandada principalmente por familiares del mandatario y preocupados por defender su permanencia en el poder. Y por el otro la armada regular preocupada de la defensa del país. Dicha armada regular era auxiliada por una “milicia popular” que Gadafi creó. Ésta estaba compuesta por ciudadanos libios de diferentes edades y provenientes de clases sociales bajas. A su vez, contaba con 45 mil hombres y su poder en armamento y entrenamiento era simbólico.[31] Gadafi, además, contaba con una flota de mercenarios extranjeros provenientes de Níger, Chad y Sudán para complementar sus operaciones militares en África.[32]

Por lo anterior, las fuerzas armadas en Libia pueden ser descritas como altamente paternalistas y fragmentadas, aunque levemente ligadas al régimen. Las fuerzas de élite tenían su base de poder y existencia en el mandatario y su familia, la milicia popular mantenía el vínculo con la sociedad el cual a su vez era débil gracias a la presencia de mercenarios extranjeros. Esta peculiar división del ejército libio tuvo clara influencia en el resultado de sus levantamientos populares y de su eventual conversión en una guerra civil, porque por un lado las fuerzas de élite, sobre todo la Brigada Khamis, combatía por suprimir los movimientos de protesta mientras que la milicia popular se unió a ellos, teniendo así una guerra civil con un ejército dividido entre los dos bandos, enfrentándose en violentas batallas que costaron muchas vidas de ciudadanos libios.

Se observa entonces que el nivel de fragmentación del ejército, los lazos familiares de una parte de éste, y su ambivalente vínculo con la sociedad civil dio como resultado una guerra civil entre fuerzas pro y anti Gadafi que logró derrocar a su dictador pero a un alto costo en vidas[33] comparado con los casos tunecino y egipcio.

Yemen también resultó en una guerra civil aunque no de la misma intensidad que en Libia. Según la teoría de Karamva, Yemen puede ser clasificado como un régimen autocrático político-militar. Se caracteriza al ejército yemení como altamente paternalista con un vínculo muy fuerte con el régimen. Primero porque Ali Abdullah Saleh es un oficial militar y por tanto el ejército es uno de los pilares de su régimen. Segundo porque dentro de las fuerzas yemenís algunas posiciones clave son ocupadas por miembros de la tribu a la que pertenece Saleh, mientras que las posiciones de mayor rango y poder son ocupadas por miembros de su familia.[34] También se le caracteriza como carente de institucionalización; Yemen, según el Transparency International’s Corruption Index, es considerado como uno de los países más corruptos del mundo, por lo que no es difícil imaginar que todas sus instituciones, incluido su ejército, estén llenas de corrupción y nepotismo.

Estas características mencionadas ayudan a entender por qué parte del ejército de Yemen se opuso a los movimientos sociales. Sin embargo, a pesar del evidente vínculo paternalista entre el régimen y el ejército, también es cierto que hubo una fragmentación de las fuerzas armadas al enfrentarse a los movimientos sociales, similar al caso libio. Poco a poco líderes religiosos y tribales se unieron a las protestas. Entre las tribus más relevantes que se unieron destaca el caso de la federación de tribus Hashid, una de las más importantes federaciones de tribus del norte del país dentro de la cual se encuentra la tribu de Saleh. Además, otros comandantes de las fuerzas yemenís desertaron en favor de la oposición, el General Ali Mohsen Al-Ahmar es prueba de ello: en marzo de 2011 anunció que se uniría a la revolución y destinó los hombres y armamentos a su disposición para defender las protestas de los ataques de las fuerzas que apoyaban al gobierno.[35]

El resultado fue el derrocamiento del dictador, la pérdida de muchas vidas y una guerra civil que se mantiene hasta la fecha. Las similitudes con el caso libio se explican por las características de sus ejércitos, es decir, altamente paternalistas, desinstitucionalizados, fragmentados y por tanto divididos entre el régimen y su oposición.

Finalmente, los casos de Bahréin y Siria también presentan similitudes en las características de sus fuerzas armadas. Bahréin, según Kamrava, puede ser clasificado como un régimen tribal dependiente de la monarquía. Su sistema de seguridad está dominado por la familia del Khalifa y todas las posiciones más importantes en las fuerzas armadas son ocupadas por la familia del monarca.[36] Además, tiene otros dos rasgos distintivitos que no solo hacen del ejército de Bahréin un ejército paternalista sino también desvinculado de la sociedad. Primero, es un ejército que excluye a la población mayoritaria shíi que vive en Bahréin: estas personas no pueden servir en las fuerzas armadas por el temor a Irán, quien ha reclamado Bahréin como provincia desde 1957.[37] El segundo rasgo distintivo de este ejército es que está formado en su mayoría por extranjeros; de acuerdo con el Centro de Derechos Humanos de Bahréin, tres cuartas partes de los miembros de la Agencia de Seguridad Nacional son extranjeros (sunnis) y en las fuerzas especiales el noventa por ciento de los miembros no son ciudadanos de Bahréin; provienen de Siria, Jordania y Yemen, que reclutan con el objetivo de contrarrestar en términos demográficos la mayoría shíi en la población.[38] Dados estos dos factores identificados: paternalismo y débil vínculo con la sociedad, se podía esperar que el ejército no apoyara los movimientos sociales y en cambio sirviera al régimen. La evidencia muestra que así fue.

El ejército sirio por su lado, se caracterizó primero por estar dominado por la familia y etnia de Basher Al-Assad (Alauita) desde 1955. Las unidades de élite están reservadas para alauitas y comandadas por familiares de Assad.[39] Segundo, por tener altos niveles de corrupción y nepotismo, por ejemplo, la base de promoción en la milicia es la lealtad hacia el líder y se asegura esta lealtad mediante recompensas económicas a los generales por los servicios prestados al régimen.[40] Tercero, tiene el objetivo de asegurar la preponderancia alauita en la política lo cual le hace tener un vínculo fuerte con el régimen siendo su base principal de poder, además, el hecho de que proteja a una minoría hace que también tenga una relación débil con el resto de la sociedad[41]. Con estas características se puede entender por qué en un inicio parte del ejército sirio no apoyó los movimientos populares y por qué terminó en tan violenta guerra. Similar a Bahréin, la reacción de no-apoyo y supresión a las protestas se puede explicar por un alto grado de paternalismo, un bajo nivel de institucionalización y un débil vínculo con la sociedad civil.

Conclusión

De este análisis se desprende que, sin duda, el ejército tuvo y tiene un rol importante en el desenvolvimiento de los movimientos sociales en la región. De acuerdo con sus características y el papel activo o inactivo en la política del país el ejército mostró tener 3 actitudes frente a los movimientos sociales: apoyo, neutralidad y supresión. De este resultado se debe observar que el caso de Túnez fue el único en el que el ejército se mantuvo neutral a los movimientos y también, es el único país donde se observa la instauración de un régimen democrático estable o al menos más estable que en cualquiera de los otros países. Es decir, Túnez es un caso en el que, después de los levantamientos populares y de sus primeras elecciones, tuvo éxito en lograr los mayores retos de una transición: la redacción de una nueva constitución, la instauración de un nuevo régimen por la vía institucional y la aceptación de todas sus facciones de las reglas democráticas como medio para tener acceso al poder. Esto nos lleva a afirmar que un ejército apolítico, desvinculado del régimen, desvinculado de cualquier tipo de nacionalismo étnico, religioso, ideológico o sectario se mantiene unido por un lado, y neutral ante el conflicto por el otro, lo cual disminuye el grado de violencia del movimiento.

Resaltando la particularidad del ejército tunecino se debe notar que a diferencia de Egipto y Yemen, los gobernantes no provenían de esta institución y por tanto el ejército de este país no estaba politizado ni vinculado al régimen de tal manera que tuviera razón para defenderlo de los movimientos populares contra este último. En contraste con Bahréin, Siria y Libia, el ejército de Túnez no defendía una etnia, una familia, una tribu o una ideología en el poder y no cuenta con extranjeros entre sus tropas. Como muestra la literatura revisada, el ejército de Túnez puede ser considerado como uno que auténticamente defiende el interés nacional del país, y prueba de ello es que, ante el vacío de poder cuando derrocaron a Ben Ali, el ejército no lo tomó ni derrocó al gobierno de transición dejando que los procedimientos se llevaran a cabo de acuerdo a lo marcado por la constitución. Tampoco es un ejército fragmentado como el de Libia o Yemen lo cual hizo que al momento de enfrentarse ante el movimiento social se mantuviera unido sin dividirse entre la población a favor y en contra del régimen evitando así una guerra civil. Sin duda este análisis nos aporta una lección valiosa para entender la agresividad de algunos movimientos sociales y abre una nueva interrogante respecto a la influencia del ejército en la supervivencia de regímenes y la democratización.

Bibliografía

 

[1] Licenciada en Relaciones Internacionales y Licenciada en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Actualmente es Asistente Académico en la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México Campus Sur y es parte del comité editorial internacional de la Revista Uruk especializada en Medio Oriente de la Universidad Nacional de Colombia. Es miembro de la Asociación Mexicana de Ciencias Políticas (AMECIP).

[2] Se eligieron estos casos porque en ellos se engloban todos los resultados que ocurrieron después de los levantamientos populares: no cambia el status quo, se derroca el régimen instaurado mediante golpe militar y se encamina a la autocracia o estalla una guerra civil.

[3] Derek Lutterbeck, Arab Uprisings and Armed Forces: Between Openness and Resistance (Ginebra: Geneva Centre for the Democratic Control of Armed Forces, 2011), 5.

[4] Mehran Kamrava, “Military Professionalization and Civil-Military Relations in the Middle East,” Political Science Quarterly 115 (No.1 2000): 70.

[5] Mehran Kamrava, “Military Professionalization and Civil-Military Relations in the Middle East,” Political Science Quarterly 115 (No.1 2000): 70.

[6] Mehran Kamrava, “Military Professionalization and Civil-Military Relations in the Middle East,” Political Science Quarterly 115 (No.1 2000): 71.

[7] Mehran Kamrava, “Military Professionalization and Civil-Military Relations in the Middle East,” Political Science Quarterly 115 (No.1 2000): 72.

[8] Eva Bellin, “The Robustness of Authoritarianism in the Middle East: Exceptionalism in Comparative Perspective,” Comparative Politics 36 (enero 2004): 144.

[9] Eva Bellin, “The Robustness of Authoritarianism in the Middle East: Exceptionalism in Comparative Perspective,” Comparative Politics 36 (enero 2004): 142.

[10] Eva Bellin, “The Robustness of Authoritarianism in the Middle East: Exceptionalism in Comparative Perspective,” Comparative Politics 36 (enero 2004): 144.

[11] Eva Bellin, “The Robustness of Authoritarianism in the Middle East: Exceptionalism in Comparative Perspective,” Comparative Politics 36 (enero 2004): 145-146.

[12] Eva Bellin, “The Robustness of Authoritarianism in the Middle East: Exceptionalism in Comparative Perspective,” Comparative Politics 36 (enero 2004): 146.

[13] Eva Bellin, “The Robustness of Authoritarianism in the Middle East: Exceptionalism in Comparative Perspective,” Comparative Politics 36 (enero 2004): 150.

[14] Derek Lutterbeck, Arab Uprisings and Armed Forces: Between Openness and Resistance (Ginebra: Geneva Centre for the Democratic Control of Armed Forces, 2011), 18.

[15] Derek Lutterbeck, Arab Uprisings and Armed Forces: Between Openness and Resistance (Ginebra: Geneva Centre for the Democratic Control of Armed Forces, 2011), 17.

[16] Derek Lutterbeck, Arab Uprisings and Armed Forces: Between Openness and Resistance (Ginebra: Geneva Centre for the Democratic Control of Armed Forces, 2011), 19.

[17] Derek Lutterbeck, Arab Uprisings and Armed Forces: Between Openness and Resistance (Ginebra: Geneva Centre for the Democratic Control of Armed Forces, 2011), 19.

[18] Lewis B. Ware, “The Role of the Tunisian Military in the Post-Bourgiba Era,” Middle East Journal 39 (Enero 1985): 37.

[19] Lewis B. Ware, “The Role of the Tunisian Military in the Post-Bourgiba Era,” Middle East Journal 39 (Enero 1985): 40.

[20] Ridha Grira, “Journée du 14 janvier,” Tunivisions, 9 de marzo de 2011.

[21] Ian Black, “Bahrain security forces accused of deliberately recruiting foreign nationals,” The Guardian, 17 de febrero de 2011, sección Mundo.

[22] David D. Kirkpatrick, “Chief of Tunisian Army Pledges His Support for ‘the Revolution’,” New York Times, 24 de enero de 2011, sección Mundo.

[23] Tewfik Aclimandos, “Egyptian army: Defining a new political and societal pact,” Al Jazeera Centre for Studies (Febrero 2011): 1-5.

[24] Derek Lutterbeck, Arab Uprisings and Armed Forces: Between Openness and Resistance (Ginebra: Geneva Centre for the Democratic Control of Armed Forces, 2011), 27.

[25] Derek Lutterbeck, Arab Uprisings and Armed Forces: Between Openness and Resistance (Ginebra: Geneva Centre for the Democratic Control of Armed Forces, 2011), 27.

[26] McClathy Newspapers, “Text of Communique No. 4 from Egypyt’s Supreme Council of the Armed Forces,” McClathy Newspapers. Disponible en: http://www.mcclatchydc.com/news/nation-world/world/article24611779.html#storylink=cpy

[27] Derek Lutterbeck, Arab Uprisings and Armed Forces: Between Openness and Resistance (Ginebra: Geneva Centre for the Democratic Control of Armed Forces, 2011), 30.

[28] Derek Lutterbeck, Arab Uprisings and Armed Forces: Between Openness and Resistance (Ginebra: Geneva Centre for the Democratic Control of Armed Forces, 2011), 31.

[29] Derek Lutterbeck, Arab Uprisings and Armed Forces: Between Openness and Resistance (Ginebra: Geneva Centre for the Democratic Control of Armed Forces, 2011), 31.

[30] La brigada Khamis es un claro ejemplo de esta armada de élite. Era dirigida por el hijo de Ghadaffi Khamis, contaba con 10 mil hombres y estaba bien equipada con cuetes, tanques, helicópteros de la más alta tecnología y contaban con un entrenamiento de primer nivel. “Son’s Unit May Be One of Qaddafi’s Last Lines of Defense”, Reuter, Febrero 24, 2011. Disponible en: http://www.reuters.com/article/2011/02/25/us-libya-commandos-idUSTRE71N8GT20110225 (Consultado el día 15 de agosto de 2015)

[31] Franceso Finucci, “Lybia: Militar Actors and Miltias,” Global Security. Disponible en: http://www.globalsecurity.org/military/library/report/2013/libyan-militias_finucci.pdf

[32] Franceso Finucci, “Lybia: Militar Actors and Miltias,” Global Security. Disponible en: http://www.globalsecurity.org/military/library/report/2013/libyan-militias_finucci.pdf

[33] No se sabe la cifra exacta pero se cree que hubo un total de entre 30 y 50 mil muertos durante la guerra civil en Libia. Laub, K. “Libyan estimate: At least 30,000 died in the war”. The Guardian, 2012. Disponible en: http://www.theguardian.com/world/feedarticle/9835879. (Consultado el día 15 de agosto de 2015).

[34] La Guardia Republicana, la fuerza de élite yemení, es comandada por el hijo de Saleh. Sus sobrinos controlan las fuerzas de seguridad encargadas de proteger la capital y al régimen. Las fuerzas aéreas son controladas por el medio hermano de Saleh, entre otras posiciones de poder que también son ocupadas por familiares del presidente. Ver “Yemen: Nepotism”, Disponible en : http://www.globalsecurity.org/military/world/yemen/nepotism.htm (Consultado el 16 de agosto de 2015).

[35] Amy Holmes, “The Military Intervention That The World Forgot,” Al Jazeera, 29 de marzo de 2014, sección Opinión.

[36] Ellen Laipson, coord., Security Sector Reform In The Gulf (Washington: The Henry L. Stimson Center Editions, 2006), 26.

[37] Ellen Laipson, coord., Security Sector Reform In The Gulf (Washington: The Henry L. Stimson Center Editions, 2006), 24.

[38] Ian Black, “Bahrain security forces accused of deliberately recruiting foreign nationals,” The Guardian, 17 de febrero de 2011, sección Mundo.

[39] Eyal Zisser, “The Syrian Army on the Domestic and the External Fronts,” en Armed Forces in the Middle East: Politics and Strategy, coords. Barry Rubin y Thomas A. Keaney (Londres: Frank Cass, 2002), 113.

[40] Eyal Zisser, “The Syrian Army on the Domestic and the External Fronts,” en Armed Forces in the Middle East: Politics and Strategy, coords. Barry Rubin y Thomas A. Keaney (Londres: Frank Cass, 2002), 114.

[41] Eyal Zisser, “The Syrian Army on the Domestic and the External Fronts,” en Armed Forces in the Middle East: Politics and Strategy, coords. Barry Rubin y Thomas A. Keaney (Londres: Frank Cass, 2002), 115.

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