¿Puede haber reconciliación en Ayotzinapa? Breves apuntes sobre la justicia restaurativa

¿Puede haber reconciliación en Ayotzinapa? Breves apuntes sobre la justicia restaurativa

por Héctor A. Portillo

Se cumplen dos años de la tragedia de Ayotzinapa, de la desaparición de 43 estudiantes y el asesinato de otros tres. Si las manifestaciones en calles y redes sociales son indicación alguna, la herida dista mucho de sanar. Mucho se ha escrito ya sobre lo que pasó esa noche, sobre lo que pudo haber pasado y sobre las implicaciones de ambos.

En esta entrada buscaré discutir, brevemente, algunas ideas respecto a la reconciliación y la justicia en la comunidad de Ayotzinapa y, más generalmente, en el resto del país.

Para ello, utilizaré algunos conceptos que suelen causar confusión. Por tanto, antes de iniciar es conveniente hacer algunas definiciones.

En este texto, “reconciliación” se refiere a la reparación de una relación pre-existente entre ofensor y víctima.[1] Por tanto, al hablar de reconciliación, no estaremos hablando de amnistía legal ni de excusar al ofensor de su responsabilidad. Al contrario, académicos y practicantes tienden a coincidir en que cierto sentido de justicia y responsabilidad por parte del agresor facilitan el proceso de reconciliación (en el nivel más simple, puede pensarse en la famosa estrategia Tit-for-Tat, que después de “castigar” una vez vuelve a estar dispuesta a cooperar.[2] Diversos estudios antropológicos han observado comportamientos similares, si bien más complejos, en varias culturas alrededor del mundo[3]). Bajo estas definiciones, el perdón (entendido como el proceso interno por el cual el individuo reemplaza emociones y actitudes negativas hacia su agresor por emociones y actitudes positivas[4]) es condición necesaria pero no suficiente para la reconciliación.

Con esto en mente, es pertinente preguntar si es posible que haya reconciliación en Ayotzinapa. El primer desafío salta a la vista. ¿Reconciliación entre quiénes? ¿Entre las familias de los desaparecidos y los responsables directos de la desaparición? ¿Entre los compañeros de escuela y los autores intelectuales? ¿Participarían los Rojos y los Guerreros Unidos en el proceso? ¿Y los gobiernos municipal, estatal y federal? ¿Las Fuerzas Armadas? ¿Y qué hay de los millones de mexicanas y mexicanos que también estamos dolidos por la tragedia?

Claramente, la reconciliación en Ayotzinapa es un asunto mucho más complejo que la reconciliación entre dos personas. Es incluso más complejo (que no necesariamente más difícil) que la reconciliación entre dos pueblos (por ejemplo, palestinos e israelís o hutus y tutsis), simplemente porque es mucho más difícil identificar y definir las partes del conflicto. Quizá sea útil recurrir al concepto de “tejido social” para entender este conjunto de relaciones que, en cierto modo, conforman una comunidad. Entonces, la reconciliación en Ayotzinapa (y en el resto del país) implicaría restaurar el tejido social. Sería fácil decir que simplemente habría que regresar a las condiciones inmediatamente previas a la desaparición de los 43 estudiantes. No obstante, como ya apuntó Josemaría Becerril hace un par de días, Ayotzinapa, Iguala y gran parte de Guerrero (por no hablar del resto del país) han sufrido décadas de violencia estructural,[5] cultural[6] e incluso física.[7] Esta violencia también ha dañado el tejido social. Si el objetivo es sanar las relaciones en la comunidad, no puede aceptarse regresar a un status en el que ciertos individuos continúan siendo empujados (aún más) a los márgenes.

Un segundo desafío también es relativamente aparente: a dos años de los hechos, seguimos sin saber exactamente qué pasó o quiénes son responsables de qué. ¿Cómo puede haber perdón, ya no digamos reconciliación, si no es claro quiénes tienen qué responsabilidades sobre los hechos?

Frente a estos desafíos, la justicia restaurativa ofrece ciertas avenidas para, primero, conceptualizar la situación y, segundo, establecer ciertas guías de acción. La justicia restaurativa, a diferencia de la inquisitoria o punitiva, enfatiza el diálogo y las relaciones entre quienes hayan sido afectados por el evento (en general, víctimas, agresores y comunidad).[8] Por tanto, este enfoque se preocupa más por quién fue lastimado, qué necesita, a quién le corresponde proporcionarlo, cuáles son las causas de la situación y quién tiene que estar involucrada(o) en la solución.[9]

Un enfoque de justicia restaurativa en Ayotzinapa movería el énfasis de la búsqueda de culpables (dentro y fuera del Estado) a las necesidades de todas las personas afectadas, especialmente, las familias y los compañeros de los jóvenes desaparecidos.

Al mismo tiempo, un enfoque de justicia restaurativa enfatizaría las responsabilidades del agresor y, también, sus necesidades.

Ahora bien, ¿cómo podría el gobierno (o la sociedad civil) promover un enfoque de justicia restaurativa?

En primer lugar, habría que hacer todo lo posible para que las víctimas se sientan escuchadas. Si no se sienten escuchadas, será muy difícil que quieran (o puedan) expresar sus necesidades. Por supuesto, entre estas necesidades probablemente estarán el saber la verdad y que los responsables reciban un castigo justo y proporcional al crimen que cometieron. También podemos suponer que las víctimas necesitarán ayuda psicológica para enfrentar el trauma tan fuerte que viven y, así, sanar (en la medida de lo posible) sus heridas. Quizá quieran contar su historia y ser escuchados por ciertos actores clave (funcionarios y representantes de gobierno, organizaciones internacionales y la sociedad civil). Quizá otros quieran alguna especie de restitución o compensación del daño, aunque sea simbólica (claramente, y con el perdón de los economistas, ninguna cantidad de dinero podrá reemplazar la ausencia de una persona amada). Y, muy probablemente, también quieran saber que algo así no volverá a pasarle ni a ellos ni a nadie.

Igualmente, habría que privilegiar la verdad. Antes de querer señalar culpables (desde la sociedad civil o desde el Estado como autoridad que investiga e imparte justicia penal), habría que hacer todo lo posible por descubrir la verdad sobre el destino de los 43 estudiantes desaparecidos y, muy importante, compartirla abierta y francamente con las víctimas y, si se estima conveniente, la comunidad (en este caso, el resto del país). En algunos países, se han creado comisiones de la verdad, tribunales especiales, comisiones investigadoras o incentivos jurídicos para que los agresores compartan su testimonio. Incluso, se han rescatado prácticas tribales de reconciliación. Cada uno de estos mecanismos puede o no funcionar y corresponderá a las partes interesadas definir cuál es la mejor manera de buscar (y encontrar) la verdad. Si algo sabemos es que estos mecanismos no funcionan cuando son impuestos, sin la participación auténtica de toda la sociedad.[10]

En otras palabras, todo el proceso debe ser tan incluyente como sea necesario. Idealmente, debe incluir a los actores clave, pero también debe considerar (y buscar afectar) al resto de la población considerada.[11] Parafraseado a Zehr, la justicia restaurativa requiere que atendamos, al menos, las necesidades de las víctimas, que los ofensores asuman su responsabilidad sobre éstas y que ambos, junto con la comunidad se involucren en este proceso.[12]

Es probable que varios de quienes desaparecieron a los 43 estudiantes hayan sido víctimas, en su momento, de otros tipos de violencia. Si bien eso no justifica las acciones cometidas, quizá valga la pena considerarlo al pensar en cómo evitar que se repita una tragedia como la de hace dos años. Quizá sea conveniente pensar en maneras de romper el ciclo de violencia y, por qué no, reemplazarlo por un ciclo de paz. Más aún, un enfoque restaurativo buscaría, en la medida de lo posible, que (al menos algunos de) los agresores puedan re-integrarse a la sociedad, una vez que se hayan hecho responsables de sus acciones (estando en la cárcel y, por ejemplo, resarciendo el daño a la víctima o a la comunidad).

Para alcanzar la reconciliación en Ayotzinapa, el gobierno y la sociedad civil podrían, por usar la famosa frase de Howard Zehr, cambiar de lentes[13] y ver daño donde antes sólo veían un crimen: ver personas con necesidades y obligaciones donde antes sólo veían víctimas y presuntos culpables; ver, en resumen, una oportunidad para sanar y detener la violencia donde antes sólo había un caso de investigación.

Héctor A. Portillo es Licenciado en Ciencia Política por el ITAM y Maestro en Leyes y Diplomacia por la Escuela Fletcher de la Universidad de Tufts

[1] McCullough, Michael. Beyond revenge: The evolution of the forgiveness instinct. John Wiley & Sons, 2008.

[2] Axelrod, Robert M. The evolution of cooperation. Basic books, 2006.

[3] Para un excelente resumen de esto, se puede consultar McCullough, Beyond Revenge. Igualmente, De Waal, Frans BM, and Jennifer J. Pokorny. “Primate conflict and its relation to human forgiveness.” Handbook of forgiveness (2005): 17-32 ofrece un buen resumen de comportamientos de reconciliación en poblaciones de primates.

[4] McCullough Beyond Revenge y McCullough, Michael E., Kenneth I. Pargament, and Carl E. Thoresen, eds. Forgiveness: Theory, research, and practice. Guilford Press, 2001.

[5] Galtung, Johan. “Violence, peace, and peace research.” Journal of peace research 6, no. 3 (1969): 167-191.

[6] Galtung, Johan. “Cultural violence.” Journal of peace research 27, no. 3 (1990): 291-305.

[7] Becerril, Josemaría. “Ayotzinapa: la violencia del olvido”. La Gaceta de Ciencia Política. Disponible en https://gacetadecpol.wordpress.com/2016/09/26/memoria-de-ayotzinapa/. Consultado el 27 de septiembre de 2016.

[8] Ver, por ejemplo, https://www.youtube.com/watch?v=HZJzMTw9UNw

[9] https://www.youtube.com/watch?v=HZJzMTw9UNw (min 3:08 en adelante)

[10] Por ejemplo, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación en Sierra Leona. Para más información, se puede consultar Shaw, Rosalind. “Memory frictions: Localizing the truth and reconciliation commission in Sierra Leone.” International Journal of Transitional Justice 1, no. 2 (2007): 183-207..

[11] Una buena explicación de estos conceptos se encuentra en Church, Cheyanne, and Mark M. Rogers. Designing for results: Integrating monitoring and evaluation in conflict transformation programs. Search for Common Ground, 2006, pp. 38-39. Disponible en https://www.sfcg.org/Documents/manualpart1.pdf.

[12] Zehr, Howard. The little book of restorative justice: revised and updated. Intercourse: Good Books, 2002. p. 25.

[13] Zehr, Howard. Changing lenses: A new focus for crime and justice. Herald press, 1990.

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